Las tintas de
Antonio Cabaceres
Luisa Mercedes Levinson
Antonio Cambaceres con tu lindo nombre de reverencias y resonancias
antiguas, ¿por qué no dibujas a los viejos presidentes
frimando decretos o a los virreyes es sus sitiales, ordenando decapitaciones
mientras besaban a las lindas señoritas criollas? Pero Antonio
fue por vino, salió al camino y se dio de cara con la nueva
era, se enredó en las espirales en las espirales del tiempo
y llegó a Camandú…
Ver crítica CAMBACERES:
TIEMPO DE RENACER
César Magrini. Mayo de 1974
Tiempo peculiar y propio el de la pintura, que madura lentamente
dentro de sí mismo, a diferencia del de otras manifestaciones
del arte. Pausado o relampagueante, demorándose en amplitud
o consumiéndose en intensidad, cada cuadro es testimonio
de ese arder interior, y a veces, hasta certeza de una ceniza. O
anticipación de la luz. O ambas cosas a la vez.
Ver critica
Palabras de la Curadora Rosa
Faccaro, con motivo de la Muestra Homenaje a Antonino Cambacérès.
Estamos ante la presencia de una obra pictórica y gráfica
de un artista que ha respondido y hablado a sus coetáneos
con una sensibilidad singular. En sus diversos períodos plásticos,
Antonino Cambaceres se hallaba ante el mismo cuestionamiento: dar
una respuesta a sus interrogantes de vida.
Ver crítica
....................................................................................................................................................................................................
CAMBACERES:
TIEMPO DE RENACER
Tiempo peculiar y propio el de la pintura, que madura lentamente
dentro de sí mismo, a diferencia del de otras manifestaciones
del arte. Pausado o relampagueante, demorándose en amplitud
o consumiéndose en intensidad, cada cuadro es testimonio
de ese arder interior, y a veces, hasta certeza de una ceniza. O
anticipación de la luz. O ambas cosas a la vez.
En Antoninio Cambaceres- en el Antonino Cambaceres pintor- esa
pareabola recorre puntos a veces distantes, otras sutilmente vecinos.
Quien recuerde las primeras afirmaciones de su presencia tal vez
se extraña, en el momento actual, al comprobar que casi invariablemente
sus cuadros se abren como flores en el extraño jardín
del surrealismo, ya que comenzó a pintar- o a germinar- asenteandose
en la dulce tierra de los ingenuos. Casi como decir desde el lírico
fervor de una realidad descripta en multitud de detalles, pero limitada
en sus asoerezas por la inocencia y la poesía, hasta trascenderla
con mirada inquisidora, eliminando detalle o anécdota, en
busca de su significado final y definitivo. Casi como quien comenzara
pacientemente ante el espejo, para situarse después, en un
salto hecho de fiebre y de frenesí, al otro lado de él,
para aprehender la verdad última y terrible de las cosas.
Dos tiempos, el de la pausa primero, rodeado y asediando morosamente
cosas y criaturas, el del vértigo ahora, quizas urgido extañamente
por ese mismo tiempo anterior, vuelto ahora remolino, aguijón,
turbada premura, como si el antiguo y empañado azogue se
hubiera quebrado, y vuelto aguas tempestuosas, pregunta, inquietud.
Lo están diciendo estas criaturas como entrevistas entre
islas de verdor o de huidiza luz que nates que decir, sugieren su
pesadumbre y su desesperanza: lo están diciendo estos paños
que rodean a la figura como si fuesen sus sudarios, sin olvidar
tampoco la prefiguración del nacimiento, en una veloz metáfora
que une vida y muerte, principio y fin: lo está diciendo
el elocuente patetismo de estos rostros, ahogados o sepultos en
un color que reverbera en opacidades (al fin de cuentas, al opacidad
es una de las formas de manifestarse que tiene la luz): lo está
diciendo esa presencia y a la vez ausencia de seres y de cosas,
a medias entre la creación y su camino inverso, el aniquilamiento,
y todo envuelto o rodeado por la conciencia o el anticipo de una
nada vital, o de una vida que lleva en sí- y esto es innegable-
las semillas de su propia y cruel destrucción. Pero en el
testimonio está, implícita y radiante, al propia salvación:
el cuadro habrá de perdurar, perdurarán asimismo las
visiones, las angustias, el dolor y las búsquedas del pintor,
y ésa es, en definitiva, su victoria.
Antonino Cambaceres vuelve a hacer suya esa verdad tan antigua
como el hombre, tan lacerante, tan trágica: no moriré
del todo, en tanto sigan viviendo mis criaturas. Sus pinturas, esas
criaturas que muchas veces sulene ser más nítidas
y resistentes que las de la carne y de la sangre, están aquí,
afirmándolo, en una voz delgada y amortiguante, la única
que, después de todo, se impone y se hace escuchar, y la
única, también que nos conquista y nos convence, nos
llama y nos lleva junto a sí.
César Magrini. Mayo de 1974
Volver
....................................................................................................................................................................................................
Las
tintas de Antonio Cabaceres
Antonio Cambaceres con tu lindo nombre de reverencias y resonancias
antiguas, ¿por qué no dibujas a los viejos presidentes
frimando decretos o a los virreyes es sus sitiales, ordenando decapitaciones
mientras besaban a las lindas señoritas criollas? Pero Antonio
fue por vino, salió al camino y se dio de cara con la nueva
era, se enredó en las espirales en las espirales del tiempo
y llegó a Camandú…
Cuidado, con las memorias de las otras reencarnaciones. Ya te asalta
el dios de los muchos brazos y poderes reinvindicantes, algunas
piernitas frenéticas con medias violetas y coloradas que
heredaron de Mistinguette, y el ritmo y la canción de los
beatles:
¿Y los gatos y las brujas que te asaltan entre los laberintos
de tus tintas, justo cuando estás por alcanzar la estrella
y corrés peligro de permanecer allí en lo alto? Pupilas
con la sabiduría de Minerva, damas de pique en permanente
transmutaciones, can-can, dance du ventre, raíces de mandrágora
y, además, la flor intocada…Tu mundo tiene ecuanciones
porque la sutileza de tus tintas acrobáticas, lleva implícita
la parábola del bailarín con un pie en la tierra y
el otro en la espiral del aire, que es, para el viejo Goethe, la
definición de la poesía.
Antonio, acaso estoy por develar tu secreto: tus colores con la
gama del violín del arcoiris son capaces de transformar…a
tus gatos en ángeles y a tu brujas en hadas. Pero para preservar
la sal de mundo, vos, artista, has dicho que no. Y siguen ahí
los brazos de Shiva para la aplicación, y las piernitas de
Mistinguette para el recreo, y a nosotros, los que miramos y admiramos,
sólo nos queda descifrar tus paraísos secretos y aventurados,
y usufractar de esos misterios del más allá, y de
esta magia de más acá. Gracias.
Luisa Mercedes Levinson
Volver
....................................................................................................................................................................................................
Palabras de la Curadora
Rosa Faccaro, con motivo de la Muestra Homenaje a Antonino Cambacérès.
Estamos ante la presencia de una obra pictórica y gráfica
de un artista que ha respondido y hablado a sus coetáneos
con una sensibilidad singular. En sus diversos períodos plásticos,
Antonino Cambaceres se hallaba ante el mismo cuestionamiento: dar
una respuesta a sus interrogantes de vida.
Su formación artística con destacados maestros le
otorgó la facultad de articular un lenguaje cuyas resoluciones
visuales iban construyéndose de acuerdo al interés
que suscitaran su imaginario. En ese sentido, fue dotado de una
riqueza que se pudo expresar ampliamente.
Veremos en su producción plástica una aguda reflexión
sobre la conducta humana. La familia y la pareja fueron los temas
que abordó entre otros. Su capacidad fue captar el rasgo
humorístico de cada uno de sus integrantes. Antonino veía
y amaba la naturaleza, y así lo vemos en la plasmación
exuberante y multicolor de sus maravillosos ramilletes de flores.
Estos trabajos se ofrecían a la visión en atomizadas
pinceladas vibrantes y nerviosas con una eclosión de alegre
ritmo tímbrico. Estas resonanacias cromáticas en conjunción
con la atmósfera espacial, creaban un clima festivo y celebratorio
de la vida, en su más amplia manifestación.
Tanto el dibujo como la pìntura, de trazos nerviosos y gestuales,
definen una escritura de constelaciones sígnicas.
En los personajes retratados, el arabesco lineal, el trazo rápiudo
corto y Américo, tejían la emoción proyectada
en la tela, hasta estructurar una cartografía de recorrido
sinuoso, sensible, de conceptualizaciones certeras y precisas. Estos
trazos podían diseccionar la realidad de cada ser retratado.
En la constante mirada melancólica de sus figuras se entreveía
un sentimiento que develaba una aguda visión de la subjetividad.
Antonino Cambaceres, no sólo expresaba su interioridad, sino
que definía un estado del alma.
El artista captó la idiosincrasia de los seres que lo rodeaban,
la realidad estaba directamente relacionada a una visión
oscilante. Podìa ser dura y mordaz, grotesca y canallesca,
sensual y sarcástica, pero en todas ellas se podía
entrever el amor y la ternura con que el artista contemplaba la
real condición humana.
Su mirada angelical de celeste transparencia, guardaba una alma
aniquilada de antemano por él mismo. Eros y Tánatos
posibilitaron fuerzas antagónicas. Pero esta oscilación
–una de las numerosas opciones que él tomaba de la
realidad-, no impedía una lucidez del artista para internarse
por los caminos más dispares.
Su frecuentación con los misterios de la magia –una
condición nata de visionario- le permitieron captar el mundo
vegetal, mineral, humano, como en los casos de la vegetación
estallante, o en las virtudes y pecados capitales que percibía
con una mirada crítica, con ciertos rasgos de humor. Esta
condición le valió el saber concebir el estado en
que el ser puede descubrir la gracia y la inocencia entre los pliegues
de los párpados de sus personajes malvados.
Esa gracia beneficiaba no sólo al contemplador de su obra,
sino también fue el alimento de esa fuerza instintiva que
aprendió del dolor para transitar con persistencia, el duro
proceso creativo. El taller era la prueba, esa tarea extraña
de reunificación de los elementos que guardaban las contradicciones
del artista que veía amenazante la carencia de un fuego provocador
del éxtasis.
Ese espacio del atelier era uno de los refugios, el otro, el cariño
de sus queridos amigos que él citaba y amaba, siempre a disposición
de ellos con su sonrisa característica.
Consciente de su fragilidad y de su muerte, prepara el camino para
los acuerdo. A su hermana, el legado pictórico, depositando
la verdad premonitoria. Es ella quien se hará cargo-, luego
de su fallecimiento- de ordenar su producción plástica,
tarea no fácil, pero develadora, al hacer consciente y palpable
el ampli espectro creativo que el artista abarcaba. A sus amigos
y maestros, el recuerdo de experiencias compartidas.
Debemos destacar en este encuentro póstumo con su obra,
su excelente formación plástica. La calidad de sus
maestros y la amistad con ellos, como el caso de Eva García,
Vicente Puig, Carlos de la Cárcova, y los críticos
Córdoba Iturburu, Julio Payró y César Magrini,
éste último, quien le dedicara varios comentarios
críticos.
Debemos destacar el gesto de la galerista Emilia Bellagamba, quien
ha realizado la invitación a la familia Cambaceres, para
realizar esta importante exhibición, de este recordado artista.
En e4l año 1991, a propósito de una invitación
del Rotary Club para hablar sobre su obra, Antonino Cambaceres subrayó
al final de su discurso este pensamiento de Ganivert:
“…La síntesis espiritual de un pueblo
es su arte, el territorio: la médula, la religión:
el corazón, el espíritu artístico: la red nerviosa
que todo lo unifica…”
Volver
|